Hace poquito me encontré al huevero. Para los que no lo sepan, al menos en Andalucía cuando yo era niño, era costumbre que determinados profesionales de distintos gremios fueran vendiendo sus productos por las casas a domicilio: Pan, leche, huevos... Hoy sólo se conservan, según las zonas y la demanda, algunos de ellos, como el butano o el pan, pero el otro día comprobé que este señor sigue en activo, y va con un gran carrito cargado de huevos, vendiendo puerta a puerta.
Sabes mamá? Hace 3 días me encontré al huevero por la calle Sancho Panza. Le paré yo, porque él iba absorto en sus pensamientos, como siempre, y no me hubiera visto ni reconocido a la primera.
Hey, amigo, qué tal te va? Te acuerdas de mí?
Hombre! sí... el hijo de Mercedes. respondió con ese tono lacónico que siempre ha tenido. Qué tal?
Muy bien, ya ves, trabajando como todo currante. Y tú, ya veo que sigues a lo de siempre
Sí, sí. Ahí vamos tirando. Cómo está su madre? Sigue bien?
Mi madre murió hace un año.
Qué lástima, su madre era una mujer extraordinaria.
Es cierto. Claro, qué te voy a decir yo, si era mi madre, pero la echamos mucho de menos.
Las personas de aquella época tenían un modo de ver las cosas diferente. Tenían claro el concepto del respeto, del bien hacer, la educación y la responsabilidad. Eran más humanas, y todas en general, personas extraordinarias. Eso en nuestra generación se ha perdido, y en la de nuestros hijos, no le digo nada...
Tienes razón.
Medité durante unas décimas de segundo si decirle que no me hablara de usted, pero opté por dejarle ir, ya que estaba claro que a ninguno de los dos nos sobraba el tiempo. Alargué mi brazo y lo apoyé en su antebrazo derecho, en señal de respeto y afecto, y le dije: me he alegrado mucho de verte.
Lo mismo digo, niño.
Poco después, de camino al coche, pensé: Mierda! podía haber aprovechado para comprarle 2 docenas y media de huevos!
Ya ves, mamá, todo el mundo lo dice, y coinciden en la expresión, que eras una mujer extraordinaria.
5 comentarios:
Por mi barrio siguen oyéndose los acordes de la "armónica" del afilador, los golpes de las bombonas de butano entrechocando en el camión y el inconfundible sonido del órgano de los gitanos y la cabra. Si alguna vez vienes a Madrid en fiestas, te enseñaré barquilleros y organilleros en peligro de extinción.
Siento no poder comentar nada sobre lo extraordinaria que era tu madre, aunque estoy segura de ello, pero hablar por hablar sobre alguien que no conocí, nunca me gustó. Perdóname.
No es necesario comentar, Maripili, solo que lo leas, y te guste, y sientas que el tiempo invertido en leerlo, ha sido fructífero...
Gracias :)
y me apunto a lo de los barquilleros, cita a la que asistiré cámara en ristre
Bien!
Ni una mas ni una menos de clara de huevo?
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