viernes 13 de enero de 2012

El portero

Cuando este verano me dirigí a una urbanización de mi ciudad con intención de instalar una linea urgente, lo primero que hice fue lo acostumbrado, buscar al conserje que me suele abrir el recinto donde están todas las conexiones de telecomunicaciones. Para mi desagradable sorpresa, el tipo en cuestión estaba de vacaciones, con lo cual la cosa se complicaba. Afortunadamente, el socorrista de la piscina me dio que en los tablones de anuncios de todos los portales había una nota informativa en la que aparecía en número de móvil del portero titular, que era el que tenía las llaves de todo en ausencia del otro. Así que lo llamé, y me contestó que lo esperara por allí que en 5 minutos llegaría.

Pasados esos 5 minutos, apareció por el horizonte un tipo de edad media, unos 40 ó 45 años, con sandalias, pantalones piratas y una camiseta de manga corta que dejaba entrever su complexión rolliza. Tenía una barba relativamente poblada, y en su mano izquierda portaba un manojo de llaves, mientras que en la derecha llevaba un cigarrillo encendido.

Me saludó y dijo: Vamos para allá, qué portal es el que te tengo que abrir?

El 77, le contesté, y él me acompañó y abrió la puerta.

Igual tengo que subir y bajar varias veces, le advertí

No te preocupes, subimos y bajamos las veces que haga falta.

Y eso fue lo que sucedió, que tuvimos que subir y bajar varias veces, del cuarto de telecomunicaciones al piso del cliente, entre una prueba y otra, hasta que di con la configuración exacta que le iba bien a este cliente concreto. En todos los desplazamientos, el portero no hizo el más mínimo gesto de fastidio ni de tener ninguna prisa: tranquilo, no tenemos prisa, tú haz tus pruebas, las que necesites. Cada vez que nos subíamos al ascensor, escondía su mano con el cigarrillo detrás de su cintura, como si con ese gesto quisiera hacer desaparecer la influencia del humo de su cigarrillo sobre mí, aunque la verdad es que nunca me ha importado que fumen a mi lado. Bien es cierto que esto ya está prohibido, fumar en lugares cerrados, pero ya se sabe, que estas costumbres tan arraigadas son difíciles de sacar de la cabeza de las personas que llevan toda su vida practicándolas. Quiero decir, que no me estoy quejando de este hecho, sino que me limito a reflejar un gesto que me llamó la atención; al fin y al cabo estoy describiendo a alguien, no?

Después de todas las pruebas necesarias, dejé terminado el trabajo, y al bajar por última vez, el portero se encontró con un inquilino que le preguntó por alguna cuestión relativa a la comunidad, por lo que él se paró a hablar con el inquilino, momento que aproveché para darle las gracias y despedirme de él, recibiendo como respuesta un cortés saludo de despedida, mientras me recordaba que le llamara para lo que me hiciera falta.

Todo esto es muy normal, y supongo que no estaría aquí hoy hablando de este señor si no fuera porque ayer me enteré de que se ha muerto. Hace unos días sufrió un repentino derrame cerebral, y ha muerto. Sin más. Hoy he estado por allí, y no he podido evitar acordarme de él, y decidir inaugurar con él, y con el huevero, una nueva "sección" de personajes en este blog.

3 comentarios:

Princesa Ono dijo...

La muerte no respeta a nadie. Una pena. Eso impacta.

La Maripili dijo...

ostras! vaya final, Rayajo!
Espero que el portero nuevo sea tan majo como el anterior.

Me mola la nueva sección de tu blog.

Mónica dijo...

No te hubieras imaginado lo que le pasó verdad? Es una pena.